Es un día soleado en Cupertino. John Ternus, el nuevo consejero delegado de Apple, se acomoda en una de las zonas de descanso al aire libre del campus en forma de anillo. Un empleado le pregunta si el sol le molesta; a él no. Lleva casi dos meses en el cargo y ha tenido poco tiempo para el descanso.
Mientras la industria tecnológica bulle con los agentes de inteligencia artificial y con la próxima salida a bolsa de alguna empresa que acumula pérdidas enormes, el mandato de Ternus al frente de una compañía extraordinariamente rentable se ha caracterizado por una seguidilla de lanzamientos: el esperado iPhone plegable, un dispositivo para controlar electrodomésticos, las nuevas Mac Mini y unos AirPods renovados. Intencional o no, ese ritmo transmite un mensaje: aunque la IA acapare la conversación, el hardware sigue pesando.
Ternus no suscribe del todo esa lectura, pero tampoco la rechaza. “Llevamos bastante tiempo trabajando en estos productos”, dice. “Parece que todos aquí estamos en un momento de gran éxito, disfrutándolo al máximo”.
La pregunta obligada llega entonces: ¿está Apple a punto de romper un tabú que mantuvo durante años y lanzar una Mac con pantalla táctil? Ternus sonríe. “¿Quién lo hubiera dicho?”. La respuesta es la nueva MacBook Pro con pantalla OLED tándem, presentada en un evento en Los Ángeles, con chips M5 Pro o M5 Max. Una pantalla tándem combina varias capas emisoras de luz, lo que se traduce en contrastes más profundos. Pero la novedad que realmente marca un antes y un después es otra: la pantalla de una Mac, por fin, se puede tocar.
El cambio es enorme para los seguidores de la marca, aunque el propio Ternus le resta dramatismo. “La Mac es, ante todo, un dispositivo de entrada indirecta, diseñado en torno al trackpad y el teclado. Pero creo que hay ocasiones en las que resulta cómodo y práctico tener la pantalla táctil”, explica. La prioridad, insiste, era que la función no degradara el producto: “Necesitábamos llegar a un punto en el que añadir la tecnología táctil no restara valor. No lo hacía más pesado ni más grueso. Eso se logró con la pantalla OLED, la mejor que jamás hayamos incorporado a una Mac”.
La historia de Apple está llena de negativas categóricas que después se convirtieron en marcha atrás. Steve Jobs aseguró que los iPod nunca reproducirían video, hasta que lo hicieron; dijo que nadie compraría un teléfono enorme, y luego llegó un iPhone de gran tamaño; también descartó los lápices ópticos para tablets, y hoy el Apple Pencil es un accesorio central del iPad. La MacBook Pro de 2026 se suma a esa lista.
Durante años, los ejecutivos de la compañía sostuvieron públicamente que lo táctil en una computadora de escritorio era un error de concepto, aun cuando prácticamente todos los demás fabricantes ya lo habían adoptado y los usuarios lo pedían con naturalidad. En 2015, Phil Schiller, entonces vicepresidente sénior de marketing de producto, expuso la que se conoció como la gran teoría unificada del hardware de Apple: cada dispositivo es una computadora con una pantalla y una interfaz adecuada a su uso. La tecnología multitáctil funcionaba en el iPhone, argumentaba, pero no en la Mac, por dos razones: la ergonomía —estirar los brazos hacia una pantalla fija resulta incómodo— y la interfaz, ya que macOS se apoya en convenciones de precisión como el cursor y las ventanas pequeñas. “Estos dos mundos son diferentes a propósito”, dijo entonces. Un año después, al presentar la MacBook Pro con Touch Bar, reafirmó esa postura: “No se puede optimizar para ambos”.
Diez años después, el discurso cambió. “Diez años es muchísimo tiempo”, señala Johny Srouji, responsable de hardware. “Han cambiado muchas cosas, desde la tecnología de pantallas hasta los chips personalizados”. Según su relato, la convergencia de silicio propio, nuevas pantallas y arquitectura de software permitió cumplir con las expectativas de calidad de la empresa. “Me gusta que mis ingenieros se guíen por las leyes de la física, no por la imaginación ni por los plazos”, afirma.
Greg Joswiak, actual vicepresidente sénior de marketing mundial, admite que la función táctil era una demanda largamente postergada, sobre todo entre los usuarios más exigentes: ingenieros, científicos, desarrolladores y creadores de contenido. “La mayoría de los profesionales tienen un iPad, y casi todos tienen un iPhone. Es algo con lo que se sienten cómodos. Hay una generación de jóvenes creadores que usan nuestras MacBook Pro y que esperan poder interactuar con la pantalla táctil”, sostiene.
Entre líneas, ambos directivos sugieren que las implementaciones táctiles de la competencia son deficientes. “Si trabajas en algo fácil, estás perdiendo el tiempo”, dice Srouji. “El silicio a la medida es difícil. La tecnología táctil es difícil. La pantalla es difícil. Todo lo que fabricamos es difícil”.
La solución incluye una pantalla de gran densidad y negros profundos, un sistema térmico rediseñado para que el panel no se caliente al deslizar los dedos y una bisagra reforzada que reduce la inestabilidad al tocar. También hubo que adaptar la interfaz: al pasar el dedo sobre un menú, este se expande para facilitar la selección; los botones de cerrar y ocultar ventanas aumentan de tamaño; y gestos nuevos permiten desplegar una versión ampliada del Dynamic Island en forma de widget, con acceso a Siri y a Spotlight. La compañía asegura además que el revestimiento antirreflectante resiste igual que cualquier pantalla convencional frente a las huellas.
El lanzamiento corona una avalancha de anuncios que los clientes todavía digieren, incluido el plegable Duo, con entregas que se extienden hasta enero y colas en las tiendas el día de su salida. Srouji niega que todo responda a una demostración de fuerza frente a la IA: “Estamos aquí para crear los productos más increíbles del mundo y queremos lanzarlos cuando creamos que están listos y completos”.
El entusiasmo tiene un límite: el precio. La nueva MacBook Pro arranca en 2.899 dólares para el modelo de 14 pulgadas y 3.399 para el de 16. El analista Neil Cybart cree que el público profesional asumirá el costo: “La gente busca valor, y eso significa optar por productos que aprovechen la tecnología para mejorar su trabajo”. Sobre la posibilidad de ver pantallas táctiles en modelos más accesibles, Ternus es tajante: “Sabes que nunca te diré nada sobre nuestro futuro”. Y una lección del pasado reciente de Apple es que conviene desconfiar de ese tipo de promesas.