Los riesgos psicosociales en el entorno laboral mexicano no ceden. Las cargas de trabajo excesivas, las jornadas extensas y la violencia laboral se mantienen como los principales factores que afectan la salud mental de las personas trabajadoras, pese a que la NOM-035 establece las obligaciones de los centros de trabajo para identificar, analizar y prevenir estas condiciones.

De acuerdo con la Norma Oficial Mexicana, los factores de riesgo psicosocial comprenden aquellas condiciones del entorno laboral capaces de detonar trastornos de ansiedad, alteraciones del ciclo sueño-vigilia, estrés y problemas de adaptación.

Según el Benchmark de Riesgos Psicosociales de Marsh, las cargas de trabajo excesivas son el principal factor de riesgo: 39.4% de las personas en México enfrenta un nivel alto o muy alto por sobrecarga laboral, porcentaje que se eleva a 41.1% entre los millennials. Le siguen las jornadas extensas, con 37.9% de los empleados en riesgo alto o muy alto, cifra que alcanza 39.2% entre los jóvenes millennials.

Jorge Gutiérrez Siles, consultor de Kaysa Salud y Bienestar, explica que esto responde al estado de hiperalerta en el que se encuentran las personas, así como al uso de la tecnología y el teletrabajo, factores que desdibujan los límites de la jornada laboral.

En tercer puesto se ubica la falta de control y autonomía sobre el trabajo, es decir, la posibilidad nula o limitada de influir en la organización, el ritmo y el desarrollo de las tareas, así como la falta de capacitación u oportunidades de desarrollo. En este factor, 22.7% de los trabajadores se encuentra en un nivel de riesgo elevado.

La sobrecarga no viene sola. Datos de Kelly señalan que casi la mitad de las personas ha experimentado acoso laboral. También se registran otras manifestaciones de violencia laboral, como maltratos psicológicos, humillaciones, aislamiento forzado, burlas o bloqueo explícito de oportunidades de crecimiento. Los líderes también son un foco de riesgo: los datos de Marsh identifican una correlación directa entre la calidad del liderazgo y la falta de reconocimiento del desempeño.

Federico Cuevas, director general de Orienta, reconoce que, aunque los factores de riesgo pueden variar, el estrés sigue siendo el principal punto de fricción en la fuerza laboral mexicana. "Tenemos muy identificado que el 68% de los resultados de la NOM-035 se puede vincular con el factor de riesgo del ciclo de estrés. Es el principal, pero no se hace nada", señala.

"Muchas veces no destinan los recursos ni la estructura necesarios. Imaginemos que identificas que el 60% de tu personal presenta un ciclo de estrés, pero tienes en tu empresa cinco personas de capital humano y les dices que atiendan todo esto. ¿Cómo lo hacen? El problema es demasiado grande", resalta.

Comparte que, en su experiencia, tres de cada 10 empresas a las que han brindado atención mediante la aplicación de los cuestionarios de la norma han mejorado; sin embargo, una de cada cuatro empeoró después de su aplicación. El informe de Marsh refiere que las empresas que han aplicado tres veces la NOM-035 han observado un aumento en los niveles de riesgo alto en todos los dominios, lo que demuestra que no ha sido suficiente para frenar los padecimientos.

"Los niveles de estrés siguen muy altos, incluso más que antes de que entrara la norma en vigor... se ha avanzado en el discurso, pero no así en la transformación real de las condiciones de trabajo", resalta Gutiérrez Siles.

Los expertos coinciden en que, cuando una empresa aplica los cuestionarios que exige la NOM y "escucha" los reclamos de su personal sobre las cargas de trabajo o el acoso, pero no implementa cambios reales, se genera una ruptura del contrato psicológico. Esto puede derivar en cinismo, resentimiento, rotación y pérdida del sentido de pertenencia.

En ese contexto, muchas organizaciones han asumido la norma únicamente como un trámite de inspección para evitar sanciones de la autoridad laboral, acumulando cuestionarios pero archivando los resultados.

"Muchas se conforman con aplicar los cuestionarios y consideran que contar con el dato es el primer paso, pero el dato por sí mismo no va a resolver nada. Hay empresas que se quedan cortas en el cumplimiento normativo y en la aplicación de la herramienta", refiere Cuevas.

Cuevas advierte que hay empresas que miden y obtienen datos y que, aunque quieren implementar medidas, requieren presupuesto y estructura; sin embargo, en la mayoría de los casos no destinan los recursos necesarios, aunado a que el equipo de capital humano no siempre está lo suficientemente preparado.

Gutiérrez Siles recuerda que la efectividad de la norma no depende sólo del diagnóstico o de los programas de bienestar. "La norma contempla tres acciones: identificar, analizar y prevenir. Si la NOM se aplicara correctamente, todas las mediciones de estrés laboral descenderían", detalla.

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